En este contexto nos tenemos que preguntar: ¿Qué papel
tiene que desempeñar la Iglesia con sus medios operativos y comunicativos? En
cualquier situación, más allá de la puramente tecnológica, creo que el objetivo
ha de ser lograr insertarse en el diálogo con los hombres y mujeres de hoy,
para comprender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas. Son hombres y
mujeres muchas veces desilusionados, con un cristianismo que les parece
estéril, que tiene dificultades precisamente para comunicar de modo incisivo el
sentido profundo que da la fe. En efecto, precisamente hoy, en la era de la
globalización estamos asistiendo a un aumento de la desorientación, de la
soledad; la dificultad para trabar relaciones profundas. Es importante, por
eso, saber dialogar entrando también, aunque no sin discernimiento, en los
ambientes creados por las nuevas tecnologías, en las redes sociales, para hacer
visible una presencia, una presencia que escucha, dialoga, anima. No tengamos
miedo de ser esa presencia, llevando consigo su identidad cristiana cuando nos
hacemos ciudadanos de estos ambientes. ¡Una Iglesia que acompaña en el camino,
sabe ponerse en camino con todos! A este respecto existe una antigua regla de
los peregrinos, que San Ignacio de Loyola asume: aquel que acompaña a un
peregrino y que va con el peregrino, debe ir a paso de peregrino. No más
adelante y no atrasarse. Una Iglesia que acompañe el camino y sepa ponerse en
camino, como busca hacerlo hoy. Esta regla del peregrino nos ayudará a inspirar
las cosas. Por tanto, necesario “de-satanizar” estas herramientas tecnológicas
del siglo XXI y ponerlas al servicio del Evangelio, porque ciertamente, el
problema no es usar los aparatos tecnológicos, sino usarlos mal o no saber en
qué usarlos.
Es un reto que afrontamos todos juntos en este contexto
de la comunicación, y la problemática no es principalmente tecnológica. La
pregunta es: ¿somos capaces, también en este campo, de llevar a Cristo, de
llevar al encuentro de Cristo? ¿De caminar con el peregrino existencial como
caminaba Jesús con aquellos de Emaús, enardeciéndoles el corazón, haciéndoles
encontrar al Señor? ¿Somos capaces de comunicar el rostro de una Iglesia que es
“casa” de todos? Hablamos de la Iglesia con las puertas cerradas. Pero esto es
más que una Iglesia con las puertas abiertas, ¡es más! Encontrar juntos, hacer
“casa”, hacer Iglesia. “Abrir las puertas
de las iglesias significa abrirlas asimismo, en el mundo digital, tanto para
que la gente entre, en cualquier condición de vida en la que se encuentre, como
para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al encuentro de
todos” (Papa Francisco, Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales, 1 de junio de 2014).
El Papa Benedicto XVI, en el mensaje de la XLVII jornada
mundial de las comunicaciones sociales, nos dice que las redes sociales deben
ser portadoras de verdad y fe, deben ser los espacios para la nueva
evangelización. La Iglesia deberá tener en cuenta cómo las personas se
comunican entre sí; las redes sociales digitales están contribuyendo a que
nazca una nueva “ágora”, donde las personas intercambian ideas, información,
opiniones; ahí la Iglesia deberá ser portadora de vida, de esperanza y de un
encuentro fraternal con el prójimo y, de manera esencial, buscar que las
personas tengan el encuentro con Cristo, con Dios que es amor.
Hoy en día, en esta cultura tecnológica, las nuevas formas y estilos de comunicación
suponen un desafío para la Iglesia y para cada cristiano bautizado a la hora de
anunciar la Buena Nueva. Es aquí donde se deberá ver la autenticidad de cada
cristiano, en qué es capaz de compartir su fe, su esperanza en Dios, sin temor
a ser rechazado por sus amigos o por la misma cultura, porque el cristiano que
ha tenido un encuentro con Cristo, por la misma fuerza de este encuentro querrá
compartir a los demás esta alegría que nace de ese encuentro y que le ha
transformado en discípulo misionero.
La Iglesia debe buscar que las redes sociales estén al
servicio de una auténtica cultura del encuentro, ya que este descubrimiento de
la ciencia que es un don de Dios, -nos dice el Papa Francisco-, nos ofrece
facultades para el encuentro con otras personas; pero se deberá tener cuidado,
ya que como pueden facultar el encuentro con el otro, así también pueden
separarnos de ellos. Es por eso que la Iglesia deberá fomentar la formación de
los sacerdotes, religiosos y laicos, y enseñarles el uso correcto de estos instrumentos que pueden
ser utilizados para propagar el Evangelio, en una cultura donde parece que es
más importante comunicar mis ideas, mis problemas, lo que pasa en el mundo y no
a Cristo, vida del mundo.
Sem. Milton Joel Guerra (I de teología)
Sem. René Oswaldo Quiroz (II de teología)
(Comisión de Medios de Comunicación Social )
Sem. René Oswaldo Quiroz (II de teología)
(Comisión de Medios de Comunicación Social )
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